martes, 4 de mayo de 2010

Cuando una Ola se hace imparable y autodestructiva


La ola (Die Welle), película del director alemán Dennis Gansel, invita a reflexionar sobre el comportamiento humano y su psicología, al recorrer escenarios peligrosos que no solo remiten a un pasado imborrable y a sus graves consecuencias, como lo ocurrido en Alemania durante la dictadura de Hitler. La historia se basa en el experimento social La Tercera Ola, realizado por el profesor Ron Jones en 1967 en la escuela Cubberley de Palo Alto, California, dos décadas después del fascismo. Así, la película se convierte en un claro manifiesto de que el ser humano no aprende de sus errores y tiende a repetirlos, aunque en distintas formas y escalas.

El profesor Rainer Wenger ansiaba dictar la materia de Anarquía pero esta fue asignada a uno de sus colegas y, en su lugar, le toca encargarse del curso de Autocracia. Desde el comienzo, el maestro buscó que los alumnos sintieran un verdadero apasionamiento por la clase, sin jamás imaginarse que este proyecto terminaría por salirse de todo control.

En tan solo una semana, La ola, movimiento creado por los estudiantes junto a Wenger durante las clases, crece vertiginosamente hasta convertirse en un verdadero grupo de corte fascista. Sus miembros comienzan a discriminar a quienes no pertenecen al colectivo, adoptan un saludo que evoca al del Führer y establecen un uniforme obligatorio para todos sus miembros. Asimismo, excluyen a quienes desobedecen o se niegan a usarlo. Con el paso de los días, el grupo deriva en actos de vandalismo: grafitea la ciudad en su afán de expandirse y difundir su símbolo. Al mismo tiempo, recurre a la violencia para atacar a los anarquistas.

Lo más perturbador de la historia es cómo el entusiasmo por ‘La ola’ comienza a transformar a los jóvenes en fanáticos extremos que, tras ser manipulados, llegan a ser capaces de hacer cualquier cosa que su admirado líder, el profesor Wenger, les ordene, incluso matar.

Uno de los jóvenes es quien resulta más afectado por ‘La ola’; incapaz de aceptar que todo haya sido solo un experimento de clase, lleva la situación hasta sus últimas consecuencias, empuñando un arma en un estado de total descontrol. En el fondo, lo que buscaba era un sentido de pertenencia que le permitiera escapar de la profunda soledad en la que vivía.

Impactante historia, tanto por su desenlace como por las actuaciones, y sobretodo por estar basada en hechos reales. Nos recuerda que algo así podría repetirse en cualquier lugar y en cualquier momento, pues basta con la aparición de un líder capaz de manipular a los demás y “lavarles el cerebro”, especialmente en sociedades donde se dan condiciones propicias para el surgimiento de nuevos totalitarismos: desigualdades sociales e insatisfacción generalizada. En el caso de La ola, también se evidencia una necesidad profunda de pertenencia entre los jóvenes: el deseo de sentirse parte de algo, incluso por encima de sus propias diferencias. Sin embargo, de forma contradictoria, buscan convertirse en un grupo homogéneo, diferenciándose al mismo tiempo del resto.

En definitiva, los acontecimientos demuestran que el hombre parece no aprender: los sistemas se repiten una y otra vez. La Tesis y la Antítesis de Hegel parecen reflejar fielmente el devenir de los hechos. Lo verdaderamente preocupante sería que, en un futuro no tan lejano, surgiera una especie de Síntesis: una fusión entre un capitalismo decadente y un Estado socialista totalitario a escala mundial, caracterizado por vigilancia extrema, control absoluto sobre los ciudadanos y aparentes igualdades socioeconómicas, pero que en realidad implicaría una pérdida total de libertad. Solo espero que esto sea, por fortuna, una hipótesis descabellada; que una Ola de este calibre permanezca únicamente en la ficción, en una pesadilla de la que siempre se pueda despertar.


Y una muestra de cómo le han lavado el cerebro a jóvenes en EE.UU.; impactante declaración

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